Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Críticas y ataques.



En las últimas semanas, a través del internet me he podido dar cuenta de una gran cantidad de críticas que ministros y otras personas están haciendo de otros ministros y ministerios de Dios, muchas de las cuales, a mi entender, no son un debate, no son una propuesta, no son un tema a dicusición, sino que son ataques frontales mayormente a las personas y solo superficialmente, a sus doctrinas.

Muchas de esas acotaciones se hacen en una supuesta "defensa de la pureza de la fe y la doctrina" pero violando los mismos principios que la fe y la sana doctrina manifestada en las Escrituras establecen en cuanto al funcionamiento de la Iglesia y el manejo de las controversias

Como todos estamos expuestos a recibir este tipo de información y ver afectada nuestra fe así como a darles reenvío, a continuación me permito trasladar algunos criterios que necesitamos aplicar para poder discernir si estas comunicaciones son válidas o no de ser tomadas en cuenta, y más aún, difundidas.

En primer lugar necesitamos establecer la autoridad de la persona que las hace y de la persona que es sometida a esos ataques. Al respecto, la Biblia nos enseña que por los frutos se conocerán (Mat 7:16-20). Por lo tanto necesitamos hacernos varias preguntas:

Primero. ¿Las personas que están siendo criticadas, no tienen frutos de darle gloria a Dios con lo que hacen, no tienen frutos de personas salvas, sanas, restauradas y afirmadas en Cristo?
Segundo. Las personas que critican ¿Cuáles son los frutos que exhiben como respaldo al juicio que están emitiendo, que no sean títulos rimbombantes auto-asignados y/o humanamente concedidos?
Tercero. Las acotaciones que hacen ¿buscan traer gloria a Dios? ¿Han pasado por el proceso que la Palabra de Dios establece para este tipo de "confrontación" en Mat 18:15-17? ¿Estan siendo realizadas con espíritu de mansedumbre, tal como lo establece Gal 6:1, y para que el hermano que está siendo señalado sea restaurado como lo establece el mismo pasaje? ¿Al leer esas acotaciones, mi fe está siendo edificada? ¿Como resultado de ellas amó más a Dios y a la Iglesia, y confío más en Dios, en Su Palabra y en la Iglesia?

Si esas preguntas no tienen respuestas de acuerdo a los criterios bíblicos, esas acotaciones deberían ser consideradas con muchísisisimo cuidado, o ser desechadas porque pueden ser el resultado de lo que dice 1 Cor 11:17-18: actitudes de división y carnalidad (celos, ira, contienda, envidia, etc.), nada dignas de alabanza, porque no están usando sus dones y talentos que Dios les ha dado para lo mejor, sino para lo peor, y que por otra parte, la misma Biblia nos enseña que serán una señal de los últimos tiempos (Jud 17-19, Tit 3:8-11). A los tales, nos enseña la Palabra, que no les pongamos atención, sino que desechos sus argumentos de una vez por todas (Rom 16:17, 1 Cor 1:10, 1 Cor 11:18-20).

Ser parte de estas situaciones, principalmente reenviándolas, comentándolas con otros, etc., nos puede hacer parte del problema, porque podríamos estar atacando al Cuerpo de Cristo, y la Biblia nos enseña que si no discernimos el Cuerpo de Cristo (no solo el físico que fue crucificado en la Cruz) sino la Iglesia que es Su Cuerpo, y del que formamos parte todos aquellos que hemos creído en el Señorío de Cristo, podernos tener problemas serios (1 Cor 11:18 y 1 Cor 11:29-30).

Que el Señor nos bendiga y nos guarde en todos nuestros caminos, y recordemos lo que la Palabra nos enseña respecto a los ungidos de Dios: “Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.” (1 Sam 24:6); “No extenderé mi mano (en este caso, boca) contra mi señor, porque es el ungido de Jehová” (1 Sam 24:10); “Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?” (1 Sam 26:9).

Más bien, nuestra actitud debiera ser equivalente a la oración Sumo Sacerdotal de Jesús: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” (Jn 17:20-23).

Finalmente, recordemos lo que el Espíritu Santo nos enseña a través de Pablo en Fil 1:15-18): “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.”

01 Abr 2010
Referencia: 10.015