Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



Introducción.

Esta Nominación de Jesús, aunque hace énfasis en lo que Cristo hizo relacionado con la salvación de nuestros pecados, no es excluyente de las demás funciones de Jesús como algunos hoy en día lo practican. El que Jesús sea nuestro Salvador no debe verse aislado de las otras facetas de Jesús como Señor, como Juez Justo, como Rey de reyes y Señor de Señores, ni esta faceta de la revelación acerca de Jesús en la Biblia es más importante que las demás. Todas son igualmente importantes porque todas forman parte de la revelación de Jesús, y todas están integradas con la misma importancia en la persona de Jesús y todas las facetas se interrelacionan y actúan unas con las otras . Más bien esta faceta de la revelación de Jesús debe complementarse con las otras para tener la idea, revelación, concepto, y relación completa con Jesús.

De hecho, la Palabra de Dios hace esta relación entre una y otra faceta de una manera muy clara (Rom 10:8-13): "Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.11Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo."

Sin el reconocimiento del Señorío de Cristo no hay salvación. Y reconocer el Señorío de Cristo es:
• Reconocer que es el Hijo de Dios, porque Dios es Quién le hizo Señor (Hch 2:36) y Quién manifestó que Él es su Hijo Amado en Quién tiene Su complacencia (Mat 3:17, Luc 9:35, Mar 9:7).
• Reconocer Su Gobierno sobre cada uno de nosotros (Mat 6:33).
• Reconocer que como parte de Su Autoridad no solo tiene la potestad, sino que la ejerce, de ser el Juez Justo (Jn 5:22, 2 Tim 4:8).

Para ello necesitamos "romper" nuestra forma tradicional de pensar. Por ejemplo: cuando nosotros nos relacionamos con el Ing. XXXXXXX, nos relacionamos con él y le conocemos como ingeniero, pero no como persona, como padre, como ciudadano, como miembro de una organización, etc. Nos quedamos con una de las facetas que identifican a la persona y nos relacionamos solamente con una de ellas, no con la persona total. Con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no podemos ni debemos ni nos conviene hacer eso porque claramente la Palabra nos enseña que "Jehová uno es".
• Deut 6:4: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es."
• Gal 3:20: "Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. "
• Heb 13:8. "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos."

Así como cuando solo conocemos una faceta de una persona pero no las demás no la conocemos realmente, y por lo mismo no vamos a tener acceso a ser bendecidos por esas otras facetas, así sucede con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, además de que con ello no solo estamos teniendo una imagen distorsionada de Dios, que es parte de lo que el diablo usa para engañarnos, robarnos, destruir y matar nuestra relación con Dios, y privarnos de la plenitud de vida que tenemos en Él, sino que además ello resulta sumamente peligroso porque podemos terminar siguiendo "otro evangelio diferente", lo que significa que alguno podría no ser salvo creyendo que lo es:
• Gal 1:7-10. "No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
• Ose 4:6. "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. "

Una vez hecha esta aclaración o acotación, pasemos a conocer a Jesús por su nominación como Salvador. Aunque la función de Jesús, el Salvador, se refiere a una sola función (en sentido estricto), es virtualmente una función múltiple: la expiación por el pecado y su condena, el establecimiento de la verdad de forma que venza la ignorancia y el error humano para que no vuelva a la vida pecaminosa (Jn 8:31-32), y la fortaleza espiritual que ayude a la persona en su lucha contra el pecado, la concupiscencia y la oscuridad (Jn 14:15-16) y para alcanzar plenitud de vida (Jn 10:10, Rom 12:2). No cabe ninguna duda, por lo que nos enseña la Palabra de Dios y es nuestra experiencia práctica de vida, que Jesús cumplió esas funciones y muchas otras más involucradas en su función de Salvador:
• Como el Cordero de Dios (Jn 1:29) y Sumo Sacerdote (Heb 4:14-16), cumplió la función expiatoria y se colocó entre el cielo y la tierra, reconciliando a la persona pecadora con Dios.
• Como Maestro (Jn 1:49) estableció el Reino de la Verdad (Jn 14:6, Rom 8:31-32).
• Como Rey (Jn 1:49, Hch 2:36) y Señor dotó a sus súbditos del poder necesario para ser sus discípulos y mantenerse libres de la esclavitud del pecado y de sus consecuencias.

01 Nov 2014