Estudio Bíblico

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Ministerio Reyes y Sacerdotes - Guatemala

Los nombres de Jesús.



La tercera fase: Jesús el Señor y Salvador.


Como vimos en las conclusiones de la segunda fase de la revelación de Jesús, el Sal 34:7 nos enseña que el Ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen. Esta faceta no deja de ser contrastante con los nombres y las descripciones de Jesús que encontramos en los Evangelios: un Jesús que es un buen amigo, lleno de gracia y misericordia para con nosotros, bueno y más que bueno, que dijo que al que le golpearan en una mejilla que pusiera la otra, y que lo vivió en la pasión en carne propia dejando que le insultaran, se burlarán de Él, le menospreciaran, lo condenaran injustamente y lo crucificaran, es contrastante con la descripción de los nombres. ¿Qué tiene que ver una descripción de Jesús así con el temor? ¿No es ese Jesús que encontramos en los Evangelios más bien un Jesús que invita a cobijarlo, a arroparlo, a abrazarlo en nuestro seno, en lugar de temerle? ¿Por qué debería temer Su Nombre? Si no proseguimos en el entendimiento de Quién es Jesús en el resto de la Biblia vamos a tener precisamente esa sensación, y por ende vamos a tener una perspectiva equivocada de Él y no nos vamos a relacionar correctamente con Él de la misma manera que el pueblo de Israel, los religiosos del tiempo de Jesús, Judas y los discípulos que dejaron a Jesús (Jn 6:60-66) no se relacionaron correctamente con Él. Necesitamos proseguir en nuestro entendimiento de la siguiente fase de la revelación de Jesús en la Biblia.
Para introducirnos en esta siguiente fase necesitamos enfatizar un versículo que está en el Libro de los Hechos, básicamente en el primer sermón de Pedro en Pentecostés:
• Hch 2:36. "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo."

Antes de proseguir, aclaremos un malentendido que hay en la Iglesia Cristiana hoy y que distorsiona de alguna manera nuestra relación con Él. Nosotros cuando fuimos salvos no hicimos a Jesús Señor de nuestras vidas. Él ya era Señor de nuestras vidas aunque nosotros ni lo sabíamos ni lo reconocíamos. Nosotros lo único que hicimos en el momento en que fuimos salvos fue reconocer, por la convicción del Espíritu Santo en nosotros, un hecho que fue consumado desde el mismísimo momento de la resurrección de Jesús: Dios, el Padre, lo hizo SEÑOR. Ello implica que nosotros no lo hicimos un favor a Él recibiéndole ni reconociéndole como Señor, más bien fue Él quien nos hizo el favor de recibirnos y de llevarnos al reconocimiento de ese hecho para que pudiéramos beneficiarnos de esa salvación tan grande. Por lo tanto, ni Él ni el Padre están obligados hacia nosotros por el hecho de haber sido salvos, como algunos, aunque no lo dicen directamente, lo piensan en el fondo de sus corazones y lo manifiestan en sus palabras y en sus acciones, de tal manera que el Dios y/o el Jesús en el que "creen" más se parece a un "santa claus" navideño, regalón, que está obligado a darnos regalos (bendecirnos) por el hecho de que se los pedimos en una carta (oración) y a lo cual tenemos derecho (somos los "hijos del rey") porque nos portamos más o menos bien en los tiempos inmediatos a los que escribimos la carta (oramos) que al verdadero Dios y Señor de todo.

En segundo lugar también necesitamos aclarar que el nombre o la denominación "Señor" que se hace de Jesús no es un titulo honorífico como el que hoy se le da por educación o convención social la una persona adulta del género masculino. En el lenguaje bíblico tanto Antiguo como Nuevo Testamentario la palabra "Señor" significa: el que manda y nosotros obedecemos, el que ordena y nosotros cumplimos, el que es prácticamente nuestro "Amo" y nosotros somos sus "esclavos" no por obligación sino por amor y convicción propia. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra "Señor" significa, entre otras cosas:
• Que es dueño de algo; que tiene dominio y propiedad en ello.
• Amo con respecto a los criados.
• Poseedor de personas, estados y lugares con dominio y jurisdicción.
• Persona que tiene jurisdicción para castigar hasta con pena capital.
• Persona que manda como dueño y con mucha autoridad..
• El que tiene el mando de algo.
Y precisamente a ello se refiere la Biblia cuando nos enseña en Rom 10:8-10 que necesitamos creer en nuestro corazón que Jesús es el Señor para ser salvos y Heb 11:8 que nos enseña que la consecuencia de la fe (creer) es obedecer, y por ende, cuando la Biblia dice que "sin fe es imposible agradar a Dios" significa que sin obediencia es imposible agradar a Dios (Heb 11:6).

Si revisamos Las Escrituras, esta dimensión de Jesús está profetizada desde el Antiguo Testamento:
• Sal 2:7-12. "Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás. Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.
• Isa 53:12. "Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
• Flp 2:9-11. "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
• Mat 28:16-18. "Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Si no entendemos esta tercera faceta en la revelación de Jesús podemos quedarnos con una idea distorsionada de Jesús, que de hecho está presente en algunos sectores de la cristiandad:
• La de un Jesús bonachón, que por amor nos tiene que tolerar todo por el solo hecho de confesarlo;
• O un Jesús que se tiene que sentir agradecido porque nosotros le hicimos el Señor de nuestra vida y que como premio por ello nos tiene que cumplir todos nuestros caprichos y deseos;
• O un Jesús al que no le importa que los que creen en Él convivan igualmente con el pecado, porque al fin y al cabo, con una oración de pedir perdón y *arrepentimiento" (entendido solo como sentirse mal por haber hecho algo), ya está solucionado el problema.

Pero ese no es el completo Jesús Bíblico. Recordemos que desde el principio de la creación, uno de los objetivos del diablo ha sido siempre el de distorsionador la imagen de Dios (y en este caso de Su Hijo Jesús), para que las personas o perezcan como incrédulos o como pueblo de Dios (Ose 4:6). Eso fue precisamente lo que hizo con Adán y Eva en la caída cuando les dijo que Dios les había mentido, que no quería que fueran como Él (Gen 3:4).

El Jesús revelado en los Libros de Hechos a la epístola de Judas es un Jesús que es Señor: que manda, que gobierna, que requiere obediencia, que tiene el mando, y no solo el mando, sino también la autoridad y el poder para castigar a quienes no obedecen, aunque usa esa autoridad y poder con benignidad y como último recurso (2 Ped 3:9). Si no, recordemos algunos pasajes de la Escritura al respecto:
• Luc 6:46. "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?"
• Mat 7:21. "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos."
• Mat 28:18-20. "Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."
• Mat 6:33. "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."
• Heb 12:28-29. "Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor."
• Mat 6:9-10. "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra." 
• 1 Ped 1:13-16. "Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo." 

En el proceso de obedecer, el Señor no nos deja solos, sino que nos da toda la ayuda que necesitamos, Su Espíritu Santo, la "supereminente grandeza de Su poder para con nosotros" (Efe 1:19-23), para que podamos obedecerle en todo, no por temor ni por conveniencia, sino por amor:
• Jn 14:15-18. "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros." 
• Notemos algunas cosas en este pasaje:
○ En primer lugar, nos está indicando, y es un mandamiento a la vez, a que guardemos sus mandamientos (no por obligación, no por conveniencia, sino por amor).
○ En segundo lugar, como conoce nuestra condición humana, sabe que por nosotros mismos no podemos hacerlo, entonces nos da la promesa de enviarnos Su Espíritu Santo (traducido "Consolador" pero que en el original griego es "Parakleto" cuyo significado más completo es ayudador) que es la esencia de Su Poder (poder para todo, incluida la obediencia, y que en este pasaje ocupa el primer lugar).
○ El Espíritu Santo estará con nosotros siempre, todo el tiempo, para "empoderarnos" para que obedezcamos los mandamientos de Jesús siempre, en todo lugar y en todo tiempo.
○ Él morará con nosotros y en nosotros desde el momento en el que nosotros reconozcamos, creyendo con el corazón, con absoluta certeza y convicción, que Él es el Señor.
○ Al final del pasaje Él reitera que no nos dejará solos, que vendrá a nosotros a través del Espíritu Santo que es otro "Parakleto" (ayudador) del mismo tipo que Él (Jesús).

En consecuencia, en esta etapa o fase de Su Revelación, no solo se nos muestra como el Señor al que necesitamos obedecerle porque Él es el Rey sobre nosotros, sino que previamente nos había enseñado que nos enviaría el poder para hacerlo, el Poder del bendito Espíritu Santo, poder que es reafirmado en Rom 8:13-16, como el poder para hacer morir las obras de la carne (la que se opone a la obediencia a Cristo), y el poder para guiarnos como hijos de Dios al cumplimiento de los mandamientos, el propósito, las buenas obras, etc., que Dios requiere de nosotros, a manifestar nuestra fe por las obras (Sant 2:14-26).

En esta fase de la revelación de Jesús como el Señor, muchos de los nombres con los cuales Él es identificado sugieren precisamente ese aspecto de gobierno, de Señorío, además de reforzar el aspecto de Salvador. Entre ellos, los siguientes:
• Cabeza de la iglesia (Col 1:18).
• Cristo (1 Jn 2:22)
• Dios y Salvador (Tito 2:13)
• Esposo (2 Cor 11:2)
• Heredero de todo (Heb 1:2).
• Hijo de Dios (Heb 1:5)
• Imagen de Dios (2 Cor 4:4)
• Pastor, Gran (Heb 13:20).
• Pastor supremo (1 Ped 5:4)
• Piedra angular (Hch 4:11; 1 Ped 2:7; Efe 2:20)
• Poder de Dios (1Cor 1:24).
• Principal piedra del ángulo (Efe 2:20).
• Príncipe (Hch 5:31).
• Príncipe de los pastores (1 Ped 5:4).
• Profeta (Hch 3:22)
• Protector (2 Tes 3:3)
• Rey eterno (1 Tim 1:17)
• Rey de reyes (1 Tim 6:15; Apo 19:16)
• Señor (2 Ped 2:20)
• Señor de la gloria (1 Cor 2:8)
• Señor de todos (Hch 10:36)
• Señor Jesucristo (Fil 3:20, Tito 1:4, Sant 1:1, 1 Ped 1:3, Jud 4).
• Soberano (1 Tim 6:15).
• Sumo sacerdote (Heb 3:1; 7:1).

Como mencionamos anteriormente, otra buena parte de las nominaciones de Jesús en esta parte de la Biblia hacen referencia al aspecto Salvador de Él por cuanto todavía estamos bajo el tiempo de la gracia, del año agradable del Señor (Luc 4:18), y aún hay Gracia más que suficiente para reconocer el Señorío de Jesús sin que la ira de Dios se manifieste en su plenitud, como sucederá en el tiempo final de este siglo (era de la Iglesia). En esta etapa de la vida de la humanidad, si bien Jesús es el Señor en pleno uso de sus derechos, autoridad, dominio, etc., también está en la plenitud de su tarea de salvar a los que están perdidos, tal como se manifiesta en sus Nombres:
• Abogado (1Jn. 2:1).
• Adán, postrer (1 Cor 15:45).
• Amado (Efe 1:6).
• Apóstol de nuestra fe (Heb 3:1).
• Autor de salvación eterna para todos los que le obedecen (Heb 5:9)
• Autor de la vida (Hch 3:15)
• Autor y consumador de nuestra fe (Heb 12:2)
• Cordero sin mancha y sin defecto (1 Ped 1:19)
• Cordero pascual (1 Cor 5:7)
• Don de Dios (2 Cor 9:15).
• Esperanza (1 Tim 1:1)
• Esperanza de gloria (Col 1:27)
• Hombre celestial (1 Cor 15:48)
• Intercesor (1 Jn 2:1)
• Justificación, nuestra (1 Cor 1:30)
• Justo (Hch 7:52; 1 Jn 2:1)
• Libertador (Rom 11:26).
• Mediador (1 Tim 2:5).
• Mediador de un nuevo pacto (Heb 9:15)
• Ministro (Heb 8:2).
• Obispo (1 Ped 2:25).
• Pascua (1 Cor 5:7).
• Piedra principal escogida y preciosa (1 Ped 2:6)
• Piedra viva (1 Ped 2:4)
• Propiciación (1 Jn 2:2; 4:10).
• Redención, nuestra (1 Cor 1:30)
• Rescate (1 Tim 2:6).
• Sacerdote (Heb 4:14).
• Sacrificio por el perdón de nuestros pecados (1 Jn 2:2)
• Salvador (Efe 5:23; Tito 1:4; 3:6; 2 Ped 2:20)
• Santificación (1 Cor 1:30)
• Santo (Hch 3:14)
• Santo Hijo (Hch 4:30).
• Vida eterna, la (1 Jn 1:2; 5:20)

Otras nominaciones que aparecen en esta parte de la Palabra de Dios acerca de Jesús son la reafirmación o el recordatorio de Sus cualidades y características enumeradas con anterioridad en el Antiguo Testamento y/o en los Evangelios, o algunas nuevas que hacen referencia a su calidad de Hijo de Dios, sabiduría y poder de Dios, y a su naturaleza humana que ostentó durante los treinta y tres años de ministerio terrenal:
• Bienaventurado (1 Tim 6:15).
• Lucero de la mañana (2 Ped 1:19).
• Piedra que desecharon los constructores (Heb 4:11)
• Precursor (Heb 6:20).
• Primicias (1 Cor 15:23).
• Roca, la (1 Cor 10:4)
• Sabiduría de Dios (1 Cor 1:24)
• Segundo hombre (1 Cor 15:47).
• Simiente de Abraham (Gál 3:16, 19).
• Simiente de David (2 Tim 2:8).
• Varón/hombre (Hch 17:31; 1 Tim 2:5).


Conclusiones.
De esta tercera etapa de la revelación de Jesús en la Biblia podemos concluir:
• Es necesario, en nuestro conocimiento y relación con Él no perder de vista la doble calidad de Salvador y Señor, y la necesidad de ambas para una verdadera y auténtica salvación en Cristo.
○ No podemos obviar Su Señorío porque ello es precisamente la evidencia de nuestra salvación (Mat 7:21), y Su Señorío se manifiesta en nuestra vida mediante la obediencia a Su Voluntad (sus mandamientos, principios, ordenanzas, preceptos, etc.). Es ello la evidencia que vivimos bajo el Reino de Dios y Su Justicia, y como consecuencia de ello, seremos bendecidos con toda bendición (Deut 28:1-14, Mat 6:33).
• Algunos hoy consideran solo el "lado" o la faceta Salvadora de Jesús, lo que tarde o temprano los va a llevar a una imagen distorsionada de Él como ya lo hemos expresado en otras partes, a la imagen de un Jesús más parecido al Santa Claus navideño que al Jesús Bíblico, y ello conducirlos al libertinaje.
• Otros, al solo considerar el aspecto del Señorío de Jesús sin el equilibrio de Salvador (gracia y misericordia), caen fácilmente en el legalismo, otro aspecto distorsionado de la imagen de Jesús.
• Ambos, libertinaje y legalismo en sus distintas gradaciones nos llevan a un cristianismo no bíblico, nos alejan de la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Rom 12:2).
• Por ello la Palabra nos enseña la necesidad ineludible de conocer a Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) plenamente, y tal como la Biblia nos lo enseña:
Ose 4:6. "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos."
○ Jn 5:39-40. "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida."
○ Jn 17:3. ·Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." 
○ 2 Cor 10:4-5: "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,".
○ Efe 1:15-19: "Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza," 
• El ejemplo más dramático de esta necesidad lo encontramos en la combinación de dos pasajes de las Escrituras: uno, los capítulos 2 y 3 de Apocalípsis que nos enseñan que la Iglesia en los últimos tiempos, necesitará volver al conocimiento profundo y verdadero de Cristo, por cuanto de siete iglesias a las que Él se refiere (que representan la totalidad de la Iglesia Cristiana de los tiempos del fin) solo dos salen aprobadas, mientras las otra cinco no lo son, y de persistir en ese desconocimiento podrían ser desechadas. Por otro lado, el Libro de Malaquías también nos habla, proféticamente, no solo del tiempo que iba a ser prevaleciente antes de la primera venida de Cristo, sino también antes de la Segunda Venida de Cristo, tiempos ambos caracterizados porque el pueblo de Dios (en el primer caso) y el pueblo y la Iglesia de Dios (en el segundo caso) se han apartado del conocimiento del Dios Bíblico para seguir sus propias ideas, que conducen a la destrucción y a la muerte (Prov 16:25). De allí la necesidad de un conocimiento profundo y auténtico del Dios Verdadero y de Jesucristo, Su Hijo.
• Y ello esta refrendando y confirmado, finalmente, en la Parábola de las 10 vírgenes (Mat 25:1-13), que se refieren al regreso de Cristo por Su Iglesia, se nos muestra dos tipos de vírgenes: las sensatas y las insensatas. La diferencia entre ambas está en dos cosas, una es la cantidad de aceite (fruto del Espìritu) y la otra en que las insensatas, de acuerdo a lo expresado por el Señor cuando ellas tocan la puerta pretendiendo que se les abriera, no las conocía, es decir, ellas no le conocían a Él porque habían estado creyendo y esperando en otro Jesús, no en el Verdadero.


01 Nov 2014