Estudio Bíblico

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El síndrome de la auto-realización (el Amor del Padre)




EL SINDROME DE LA AUTORREALIZACIÓN.


En el Edén el diablo convenció a Adán y Eva de que para ser alguien en la vida, para tener un valor en la vida, tenían que hacer algo.

Desde entonces el ser humano ha dependido de sus obras para ser alguien, para valer, para tener seguridad, en la vida.
o El que no hace, el que no sabe, el que no tiene, el que no puede, no vale.
o La jerarquización social que se usa en el mundo pone en la cima del orden social a los que más tienen, los que más saben, los que hacen los trabajos más complicados intelectualmente, y ello, aunque sean unos malvados.

Ello lleva a las personas a rechazar la gracia y el amor de Dios porque no pueden entender ni aceptar que no tienen nada que hacer para tenerlo, que es gratis. No conciben que tienen un valor sin tener que hacer nada, tener nada ni saber nada.
o Entonces inventan la religión --un conjunto de ritos, sacrificios y buenas obras, servicios, para hacer, para ganarse la salvación, la aprobación y la aceptación de Dios, o lo que es lo mismo, valer y tener seguridad delante de Dios por sus propios méritos.
o Y de la mano con ella, como los ritos, los sacrificios y las buenas obras tampoco los hacen sentir satisfechos, valiosos y seguros, se inventan el legalismo --un conjunto de leyes, norma, estatutos y mandamientos que necesitan cumplir-- para ganarse lo que la religión no les hizo sentir que habían ganado: la salvación, la aprobación y la aceptación de Dios, es decir, valer y tener seguridad delante de Dios por sus propios méritos.
o Y como eso tampoco les hace ganar valor y seguridad, entonces comienzan a buscar la aceptación, el amor y la seguridad en agradar a las demás personas y hacer lo que a los demás les parece que sería lo correcto.

Como consecuencia de esa búsqueda nunca satisfecha de la aceptación, el amor, la seguridad, la aprobación y la salvación --el síndrome de la auto-realización-- las personas:
o O se meten en una carrera desenfrenada de búsqueda de aceptación y aprobación que las vuelve adictas a la actividad, siempre están super-ocupadas y exhaustas, sin tiempo para disfrutar de las personas y de la vida: el síndrome de la agenda llena.
o O simplemente se rinden y se rebelan destrozados por la imposibilidad de alcanzar aceptación, aprobación y seguridad, que es una forma de venganza (los “caídos” dentro de la iglesia cristiana).

El problema es que, si no renovamos nuestra mente y experimentamos el amor de Dios, cuando conocemos al Señor podemos caer en alguna de esas posiciones:
o la religiosidad: reducir nuestro cristianismo al cumplimiento de actividades religiosas, ritos, sacrificios y buenas obras (servicio).
o el legalismo: reducir nuestro cristianismo al cumplimiento de leyes, normas y mandamientos.
o rebelarnos, juzgar y criticar a los hermanos y a la novia del Cordero en lugar de amarlos.
En todos los casos, el corazón queda sin la sanidad que solo puede dar el amor del Padre.







08 Ago 2012